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Síndrome del impostor [8 claves para entenderlo]

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Aunque este síndrome no está tipificado en ninguna de las versiones del DSM, su denominación se ha hecho famosa a partir del tratamiento que se le ha dado en redes sociales.

Básicamente, lo que explica es que, aun cuando alguien logre el “anhelado éxito”, sentirá que no lo merece, que nada de eso que ha logrado realmente le pertenece.

Su razonamiento lógico es que nada de lo que ha logrado es el resultado de su trabajo, sino que es obra de agentes externos, de la lástima que inspira en los demás o, por qué no, del azar.

El síndrome del impostor está tal vez sobreutilizado como término, pero aporta información valiosa acerca de cómo ven algunos el éxito.

Por eso, a pesar de que a nivel clínico no es algo relevante, creemos que puede serte útil en caso de no que puedas reconocer tus propios logros.

Estas son 6 preguntas claves que te ayudarán a entenderlo mejor.

¿Cuán frecuente es el síndrome del impostor?

No hay cifras exactas y dudamos que algún día las haya debido a lo poco formal de su propuesta.

Sin embargo, cada vez más son los adultos que entran dentro de esta descripción. De hecho, puede que tú o que personas que están a tu alrededor cumplan con varias de los elementos que los identifican.

Basta con que pongas tu mirada a tu alrededor para que te des cuenta.

síndrome del impostor
Cuando criticamos a un niño por lo que hace, estamos determinando nuestras altas exigencias. Lo natural es que él o ellan quieran alcanzarlas, pero que no se den cuenta cómo hacerlo ni cuándo parar de intentarlo.

¿Cuál es la causa del síndrome del impostor?

Los patrones que se describen en este síndrome son la lucha constante con la autoeficacia.

Un argumento aparentemente válido es el del perfeccionismo. Se supone que la perfección es algo alcanzable para alguien que se pueda clasificar dentro del síndrome del impostor.

Esto es imposible dentro del mismo planteamiento inicial, pero da luces acerca de las causas.

Por ejemplo, personas que hayan crecido en entornos muy competitivos pueden ser presa fácil de su propia falta de reconocimiento.

Un caso común es el de aquellos niños que fueron presionados por sus padres para obtener siempre excelentes calificaciones y para ser destacados en el ámbito académico.

 

¿Se puede diagnosticar el síndrome del impostor?

Para responder a esta pregunta hace falta que antes aclaremos algo.

La cantidad de información que circula hoy en día junto a la cantidad de canales dispuestos para ello, hace fácil que un concepto llamativo se difunda rápidamente.

Si a eso se le añade algún nombre con aspecto de rigurosidad psicológica, entonces el éxito del concepto está casi garantizado.

Algo similar sucede con el concepto del síndrome del impostor: aunque es muy útil como guía, no se puede diagnosticar de forma clínica y puede convertirse en una etiqueta peligrosa si se emplea de forma irresponsable.

¿Quiénes tienen mayor tendencia al síndrome del impostor? ¿Hombres o mujeres?

Si una de las variables que determina al síndrome del impostor es  competitividad, entonces podemos deducir que los hombres tienen mayor tendencia a vivirlo.

Detrás de esto pudiera estar la testosterona y los aprendizajes acerca de la exigencia que aprendió en su infancia.

 

¿Cómo se supera el síndrome del impostor?

En estos casos, el trabajo implica una reflexión profunda acerca de qué tan sanas son las expectativas que puede tener el afectado.

Primero, habría que comprender que la perfección no es alcanzable. Se haga lo que se haga, no se puede ser perfecto.

La vida, en cualquiera de sus ámbitos, siempre guarda un margen para el error y eso es importante para nuestro desarrollo.

Los errores no necesariamente revelan cuán bueno se pueda ser en algo.

“Desenamorarse” del quédiran es también una forma de empezar a reconocerse de forma legítima para el logro.

Muchas de las personas que opinan acerca de lo que otros hacen y que los critican de forma despiadada, son también víctimas de sus propias limitaciones.

Otra opción para comenzar a reconocerse es la de premiarse por cuando se obtenga algún logro.

Basta con empezar a establecer el hábito de decirse a sí mismo alguna frase de reconocimiento cuando se logre algo, por pequeño que sea.

La ayuda terapéutica profesional no debe ser desestimada jamás si lo que se pretende son cambios duraderos.

síndrome del impostor
Comparar personas, pero sobre todo niños, es un caldo de cultivo para el síndrome del impostor. Las comparaciones es mejor dejarlas para los objetos.

¿Cómo evitar  que los hijos sean “impostores” de adultos?

Los niños no tienen por qué cumplir siempre con nuestras expectativas, mucho menos si estas no son sanas.

Los padres no deberían comparar a sus hijos con otros niños, pues con esto se les dice que la preferencia y el amor estarán condicionados a qué tan buenos sean compitiendo con los demás.

Las críticas constantes  y sin ánimo de dejar algún lección de vida, deberían estar ausentes de cualquier conversación.

¿Qué corresponde entonces? ¿El elogio indiscriminado? No

De hecho, los elogios con superlativos del tipo “eres el niño más hermoso”, “el más inteligente”, etc., generan mucha presión e inculcan grandes expectativas.

Lo que debe alabarse es el esfuerzo, la determinación de lograr algo y, en menor medida, el resultado.

La idea es que el niño también conozca que tiene debilidades, no solo fortalezas y que trabajando en ellas, logre un grado de desarrollo importante de cara al futuro.

Conclusión

El síndrome del impostor es uno de los frutos de las comparaciones constantes, de las expectativas desmedidas.

El miedo al éxito es una expresión de él, por eso algunos se “autosabotean” cuando sienten que están logrando algo y hacen hasta lo imposible por no triunfar.

Abrirse a experimentar la incomodidad de no tener que ser el mejor y entender que el proceso está lleno de errores aleccionadores es una buena forma de vivir más satisfecho consigo mismo.

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