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Depresión mayor: ¿En qué consiste este trastorno?

Los estados de ánimo de las personas varían de una a otra. Hay días buenos y otros malos, por eso nos sentimos tristes, enojados, tranquilos o inquietos. Existen tantos factores que influyen en nosotros que resulta importante saber diferenciar cuando se trata de un problema crónico o solo es una racha desafortunada. Justo por eso, el blog de hoy se centra en la depresión mayor, sus causas y características para identificarlo de manera sencilla.

depresión mayor

Primero que nada, ¿cómo identifico una depresión? Es un término muy generalizado, que se usa en la cotidianidad como un sinónimo de tristeza. Todos podemos tener un día azul, quizá un par de días o incluso más si vivimos la pérdida de alguien especial. Por esta razón se debe de remarcar que solo representa un problema cuando nos impide desempeñarnos en nuestro día a día de manera regular: trabajo, escuela, familia, amigos. En casos más intensos se convierte en trastorno, llamado clínicamente trastorno unipolar o transtorno depresivo mayor.

Para precisarlo mejor, es un estado donde predomina la tristeza, pérdida, ira o frustración por lapsos largos. Mínimo, se percibe durante varias semanas continuas y se puede prolongar por meses, incluso años. Las consecuencias varían desde falta de energía o de interés en las otras actividades, falta de sueño y disminución o aumento del apetito.

Un ejemplo que ayuda a esclarecer entre la tristeza nacida a raíz la muerte de un cercano, o duelo, y la depresión se mide con el tiempo. La pérdida se supera con el tiempo, aprendemos a vivir con ello y terminamos por entenderlo. El hambre regresa de manera natural, al igual que el sueño. La paz mental viene por sí sola cuando menos lo imaginas. La depresión mayor, al contrario, puede permanecer durante años. Si no hacemos nada para cambiarla, se quedará ahí o se agravará.

Detrás de las causas y consecuencias inmediatas, se sospecha que hay un trasfondo de herencia genética. Aspectos paralelos como las hormonas y sus desequilibrios o cambios físicos podrían desencadenar los efectos. Aún se estudia al respecto y especula, sin embargo las causas científicas todavía son inciertas. Hablando del ámbito social, hay experiencias de vida que podrían ser las culpables:

  1. Tener autoestima muy baja
  2. Depender mucho de los demás
  3. Ser autocrítico o pesimista en demasía
  4. Familiares consanguíneas con antecedentes mentales (aquí es importante destacar que se comparten rasgos bioquímicos entre familia, entonces si a uno le sucedió a otro también, pero la verdad a cualquiera le podría pasar)
  5. Tener estigmas sociales (digamos homosexualidad, etcétera) en ambientes donde se ven negativos. Sería resultado de la presión social y el constante ataque, no de las preferencias sexuales per se
  6. Abuso de alcohol o drogas recreativas
  7. Enfermedades crónicas (generan desequilibrios físicos y reducen la moral)
  8. Ciertas medicinas (es importante consultar con el médico en caso de que se sospeche que esta sea la razón)
  9. Situaciones de estrés o trauma, digámosle maltrato físico o abuso sexual, problemas económicos graves o una pérdida de un ser querido y que no se supere

Sus efectos son profundos, pues involucran a nuestros neurotransmisores y glándulas, hablando del aspecto fisiológico. Por eso, en casos intensos se diagnostican fármacos, mismos que en combinación con la psicoterapia tienen buenos resultados. De cualquier manera, se recomienda buscar asesoría profesional si llega a mermar la vida diaria considerablemente.

Otro rasgo importante a destacar es su amplia gama de consecuencias en el cuerpo. Se trata de un padecimiento lleno de claroscuros, puesto que puede ser intenso o sutil, pero no por eso mejor. Un ejemplo de esto es lo contradictorias que pueden ser algunos de sus síntomas: cansancio excesivo e insomnio.

Además se puede mezclar con otras condiciones psicológicas. Por ejemplo, con la manía. La combinación de estos dos genera aumento en la energía, autoestima y se habla demasiado. De la misma manera, se mezcla con rasgos psicóticos, melancólicos e incluso se relaciona con la época del año y la luz que percibimos. Es importante hacernos conscientes de nuestro estado actual y saber cuándo podríamos vivir algún riesgo. Siempre nos vendrá bien una revisión de rutina con el psicólogo una o dos veces al año, solo para cerciorarnos.

Como un testigo de alguien con depresión, no resulta fácil reconocer cuando alguien vive los efectos. La verdad es que varían dependiendo de la persona. En niños, se evidencia cuando hay:

– Tristeza

– Irritabilidad

– Apego

– Dolores

Negarse a ir a la escuela

Bajo peso

 

En adolescentes, se añaden algunos aspectos y se eliminan otros, además de tristeza e irritabilidad:

– Se sienten negativos e inútiles

– Iracundos

– Bajo rendimiento o poca asistencia a la escuela

– Se perciben a sí mismos como incomprendidos

– Se muestran extremadamente sensible hasta en situaciones mínimas

– Consumen drogas de uso recreativo o alcohol

– Comen o duermen demasiado

– Llegan a la autolesión

– Pierden el interés por las actividades habituales

– Evitan la interacción social

 

Por otra parte, los adultos mayores también lo pueden vivir. Pero no por eso es algo normal como parte del envejecimiento, de igual manera se recomienda tratar. Recuerda diferenciar entre los efectos secundarios que provocan los medicamentos, en caso de que los haya. Consulta con tu doctor en caso de que tengas dudas al respecto. Algunos síntomas son:

– Dolor en distintas partes del cuerpo

– Cansancio extremo

– Falta de apetito

– Complicaciones para dormir

– Optar por permanecer en casa para no salir a socializar o hacer cosas nuevas

– Dificultades con la memoria o cambios de personalidad

– Falta de interés o apetito sexual

– Pensamientos inclinados al suicidio, sobre todo en el género masculino

 

 

Como conclusión, decretamos que somos conscientes de lo que implica un padecimiento como la depresión mayor. Por eso, en caso de que prefieras no acudir con un médico o profesional de la salud, te aconsejamos hablar con un amigo o ser querido. Más perspectivas de la misma situación siempre nos ayudan a evaluarlo con objetividad. Incluso, puedes acudir con un líder religioso o persona de confianza en general, digamos profesor o jefe del trabajo. Una vez socializado lo que sucede, se pueden buscar más opciones para aliviar el malestar emocional, físico y mental.

 

 

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